Presupuesto
Cómo hacer un presupuesto mensual que se pueda cumplir
La mayoría de los presupuestos se abandonan antes de terminar el segundo mes. No suele ser un problema de disciplina: es que se escriben con las cifras que nos gustaría tener, no con las que tenemos. Este artículo propone un orden de trabajo sencillo para construir uno que aguante la vida real.
Empieza por lo que ya pasa
Antes de decidir cuánto quieres gastar en cada cosa, necesitas saber cuánto gastas ahora. La forma más directa es abrir los extractos de tu cuenta y de tus tarjetas de los últimos tres meses y pasar cada movimiento a una hoja de cálculo o a una libreta. Tres meses son suficientes para que aparezcan los gastos que no se repiten cada semana, como una revisión del coche o un cumpleaños.
No juzgues mientras apuntas. El objetivo de esta fase es tener una fotografía honesta, no sentirte mal. Muchas personas descubren aquí partidas que no sabían que existían: suscripciones olvidadas, comisiones bancarias o pequeños pagos con el móvil que, sumados, superan lo que se gasta en transporte.
Cuando tengas la lista, calcula la media mensual de cada partida. Esa media es tu punto de partida real, y cualquier objetivo que te pongas debería poder compararse con ella.
Clasifica antes de recortar
Recortar sin clasificar suele terminar en decisiones al azar. Proponemos hacerse dos preguntas para cada gasto. La primera: ¿se repite cada mes con un importe parecido? Si la respuesta es sí, es un gasto fijo; si no, es variable. La segunda: ¿podrías prescindir de él sin consecuencias graves? Si puedes, es prescindible; si no, es esencial.
Con esas dos respuestas cada gasto cae en una de cuatro casillas. El alquiler o la hipoteca son fijos y esenciales. Una plataforma de vídeo es fija pero prescindible. La compra del supermercado es variable y esencial. Las cenas fuera son variables y prescindibles. Esta clasificación no dice que debas eliminar nada; solo te muestra dónde tienes margen de decisión y dónde no.
Los gastos fijos prescindibles merecen una revisión tranquila una vez al año, porque se pagan solos y se olvidan. Los variables prescindibles son los que más se mueven de un mes a otro y donde un límite claro suele tener más efecto.
- 1RegistrarTres meses de extractos, movimiento a movimiento.
- 2ClasificarFijo o variable; esencial o prescindible.
- 3AsignarElegir método y poner una cifra a cada bloque.
- 4RevisarUna vez al mes: previsto frente a real.
Elige un método que encaje contigo
No existe un método universal. La regla 50/30/20 reparte los ingresos netos en tres bloques: la mitad para necesidades, un treinta por ciento para deseos y un veinte por ciento para ahorro o deudas. Es fácil de recordar, aunque en ciudades con alquileres altos el bloque de necesidades a menudo supera la mitad, y conviene ajustarlo en lugar de abandonar la idea.
El presupuesto base cero asigna una tarea a cada euro antes de que empiece el mes, hasta que la diferencia entre ingresos y asignaciones sea cero. Exige más trabajo, pero da mucha claridad a quien tiene ingresos variables. El método de los sobres, por su parte, fija un límite para cada categoría variable y, cuando el sobre se vacía, esa categoría se cierra hasta el mes siguiente.
Elige el que te resulte más natural de mantener. Un método sencillo que sigues durante un año es más útil que uno perfecto que dejas a las tres semanas.
Deja sitio para lo irregular
Muchos presupuestos se rompen por gastos que sabíamos que llegarían: el impuesto sobre bienes inmuebles, el seguro anual del hogar, la vuelta al cole o los regalos de diciembre. La solución es prorratearlos. Suma lo que pagaste el año pasado por todos estos conceptos, divídelo entre doce y reserva esa cantidad cada mes en una cuenta o subcuenta separada.
Así, cuando llega el recibo, el dinero ya está apartado y no tienes que tocar ni el ahorro ni la tarjeta de crédito. Este colchón para gastos previsibles es distinto del fondo de emergencia, que cubre lo que no se puede prever.
Si tus ingresos cambian cada mes
Quien trabaja por cuenta propia, cobra comisiones o encadena contratos temporales no puede partir de una nómina fija. En ese caso suele funcionar mejor presupuestar con el ingreso del mes más flojo de los últimos doce, y no con la media. Lo que entre por encima de esa cifra no se gasta de inmediato: se aparta en una cuenta puente.
Al empezar cada mes, pasas desde esa cuenta puente a la cuenta principal la cantidad fija que has decidido, como si fuera un sueldo. Los meses buenos llenan la cuenta puente y los meses malos la vacían, pero tu presupuesto ve siempre la misma cifra. Este sistema exige paciencia al principio, porque hay que reunir un pequeño margen antes de que funcione con soltura.
Para las personas autónomas hay además una regla útil: separar desde el primer día lo que corresponde a impuestos y cotizaciones. Ese dinero no es tuyo aunque pase por tu cuenta, y tenerlo apartado evita sustos en los meses de declaración.
Revisa una vez al mes, no cada día
Mirar el saldo varias veces al día genera ansiedad y no aporta información nueva. Funciona mejor una revisión fija al mes, por ejemplo el primer domingo: compara lo previsto con lo real, anota las desviaciones y decide si el problema fue puntual o si la cifra prevista era poco realista.
Ajustar el presupuesto no es fracasar. Es exactamente para lo que sirve. Con tres o cuatro revisiones, las cifras se parecen cada vez más a tu vida, y a partir de ahí mantenerlo cuesta mucho menos.
Contenido educativo, no asesoramiento. Este artículo no tiene en cuenta tu situación personal. Las cifras son ilustrativas. Lee el aviso legal y de riesgos.